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La Coctelera

Leyreciteses

31 Octubre 2008

Buscando desesperadamente a Eva

Como una Ulises de la vida, he vivido estos últimos días mi Odisea particular. Mi destino no era Ítaca, sino el palacio de los deportes, donde mi amada Eva Amaral me esperaba cosiendo y descosiendo el telón del escenario de su concierto.

Veinte años he tardado en conseguir las entradas para poder acceder al concierto. Bueno, en comprarlas tarde cinco minutos allá por mayo, pero en cogerlas… he visto operaciones a corazón abierto más sencillas que esto. Bueno, no las he visto exactamente, pero en Anatomía de Grey duran menos de un capítulo, y lo mío habría dado para una temporada entera con un CONTINUARÁ al final de ésta.

Y es que si os pensáis que para ir a un concierto basta con comprar la entrada, estáis equivocadísimos. Después de la compra viene la recogida. Con esta intención me presenté yo el primer día en la taquilla del Fnac; con mi número de referencia, mi tarjeta, mi Dni, mi cara, que coincide con el DNi y con una gran sonrisa. Con lo que yo no contaba era con que, desde que compré esa entrada había desimantado unas 14 tarjetas aparte de haber atascado una en un cajero en el metro. Claro, si cambias de tarjeta una media de 27 veces a la semana, en algún momento te cambian el número. Y si el número es diferente, no coincide con el de la tarjeta que realizó la compra. Conclusión, no tenía entrada hasta que no pidiera en el banco un certificado que dijera que en otro momento había tenido el otro número.

Así que fui al banco, donde los empleados me saludaron con abrazos y besos claro, porque hacía por lo menos tres días que no los veía y ya me echaban de menos. Alguno lloró, otros me recibieron con pancartas… “Lo de siempre, ¿no Leyrecita?... ¡Marchando una de duplicado de tarjeta!” no, no… que hoy vengo a por otra cosa: quiero un certificado que diga que fui poseedora de otra tarjeta. Claro, como era la primera persona que pedía esto en la historia de la banca mundial, todos mis amigos de la sucursal se quedaron flipados y tuvimos que llamar a la central, que ya dijo que se inventaría algún papel que darme… por supuesto, otro día; porque eso de hacer los trámites de una vez a mí no me mola nada. ¿Por qué hacer hoy lo que puedes estar haciendo durante 14 días? Así que volví al siguiente día a por mi certificado.

Volví al Fnac, con mi maletín de papeles, que más que una entrada parecía que quería hacerme el visado para vivir tres años en el Palacio de Deportes: mi número de referencia, mi tarjeta, el certificado de la otra tarjeta, mi DNI, mi cara que es como la del DNI, mi certificado de nacimiento para que viera que había nacido y por lo tanto podía ser poseedora de mi tarjeta; las esquelas de los últimos tres años para que viera que no me había muerto y por tanto aún era poseedora de mi tarjeta… vamos, lo típico. Y cuando después de la cola llegué a la taquilla, una mujer que era el opuesto de la amabilidad materializado en cajera; me dijo que ahí sólo daban entradas hasta 72 horas antes del concierto… requisito que por supuesto no cumplía porque faltaban 48 horas para el mismo. Siguiente destino: las taquillas del concierto.

Llegó el día del concierto y me acerqué a las taquillas. Cuando me llegó mi turno, saqué mi maletín con la documentación pero…. Tatatata… mi nombre no estaba en la lista. La chica de la taquilla me miraba apurada mientras yo sólo pensaba en algún veneno eficaz y que no dejara rastro para cargarme de un plumazo a los de la venta de entradas, a Amaral y a las taquilleras del mundo. La de la taquilla llamó a la web que vendía las entradas y resulta que mis entradas estaban recogidas ya. ¡Recogidas! Claro, porque a mí en realidad lo que más me gusta de los conciertos es coger entradas, por eso he venido 14 veces a por esta entrada con tantos papeles que podría comprarme al grupo legalmente… La chica de la taquilla, que para vuestra información se llama Nerea (así es mi vida, si te pasas el 90% del tiempo arreglando embolaos en oficinas, o te haces amigos ahí o estás perdido porque no hay tiempo para ver al resto),me puso al móvil a la de la web, se puso ella de nuevo, hablamos las tres, habló mi madre con ella.. vamos, que 4 horas después, y sin entrada; Nerea se compadeció y me dio una… en preferente.

Y así logré alcanzar mi destino, y Eva pudo tocar.

Fin

servido por leyrecita 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

sarus

sarus dijo

no me lo puedo creer!!!

va en serio ley????

31 Octubre 2008 | 02:54 PM

mikelju

mikelju dijo

y todo eso por ver a Amaral???

pues qué no harías por ver a Sound Trip en la sala-transformers Ekia de Barañain!!!!!!
tu hermana lo tuvo muchisísimo más fácil para pillar la entrada. Eva en persona (es decir, yo mismo en grado de miembro de Sound Trip) se la llevó a su lugar de trabajo habitual; y a cuenta!!!!!

por lo menos espero que disfrutaras del concierto!!!

31 Octubre 2008 | 06:28 PM

erremege

erremege dijo

Seguro que lo pasaste pipa en el concierto....un besote amaraloso

31 Octubre 2008 | 06:54 PM

ido

ido dijo

Lirili! y lo bien que lo pasamos!! de cañas tras la decepción del fnac, en el concierto con la pareja mustia... al final mereció la pena!!

31 Octubre 2008 | 07:52 PM

leyrecita

leyrecita dijo

bueno... por ver a Sound Trip en la sala-transformers Ekia de Barañain mataría. Como si tengo que actualizarme el DNI siete veces... a ver si alguien me da una entrada :(

5 Noviembre 2008 | 10:38 AM

desertora

desertora dijo

Jajajajajajajaja casi lloro de la risa!!!!!!

17 Diciembre 2008 | 06:44 PM

Chipi

Chipi dijo

Desde luego, eres la única persona a la que pueden pasarle estas cosas... he flipao...

5 Febrero 2009 | 12:54 PM

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madrid, España
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Soy un prototipo de robot creado por los científicos de Heineken en un experimento cuyo fin era suplantar la humanidad por cyber bebedores de cerveza y así hacerse ricos. Sin embargo, el experimento fracasó, y todos los robots acabaron en la basura, porque al beber se producían cortocircuitos en su interior y soltaban chispas, con lo que la gente se daba cuenta de que no eran humanos. Bueno, hubo alguno que no se enteró de que el de las chispas era un androide, pero era por el exceso de birras consumido, y por tanto Heineken les secuestró como conejillos de indias para que les sirvieran como ejemplo de organismo altamente tolerante a la cerveza en sus próximos experimentos. De toda esa primera horneada de androides defectuosos, sólo hubo una que desarrolló una inmunidad asombrosa al daño que el líquido producía en sus cables internos, y esa soy yo. Y así`paso la vida, bebiendo e intentando hacerme al hecho de ser un ser diferente entre tanto humano. En realidad toda esta historia es mentira, pero es que lo de "Me llamo Leyre, tengo xx años y me dedico a la publicidad" me suena a redacción de examen de inglés; o aún peor, a entrevista de trabajo. Así que digamos que soy una tía que para no vivir una eterna redacción de diploma de idiomas, reinterpreta su realidad cotidiana de la mejor forma que puede.

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