Buscando desesperadamente a Eva
Como una Ulises de la vida, he vivido estos últimos días mi Odisea particular. Mi destino no era Ítaca, sino el palacio de los deportes, donde mi amada Eva Amaral me esperaba cosiendo y descosiendo el telón del escenario de su concierto.
Veinte años he tardado en conseguir las entradas para poder acceder al concierto. Bueno, en comprarlas tarde cinco minutos allá por mayo, pero en cogerlas… he visto operaciones a corazón abierto más sencillas que esto. Bueno, no las he visto exactamente, pero en Anatomía de Grey duran menos de un capítulo, y lo mío habría dado para una temporada entera con un CONTINUARÁ al final de ésta.
Y es que si os pensáis que para ir a un concierto basta con comprar la entrada, estáis equivocadísimos. Después de la compra viene la recogida. Con esta intención me presenté yo el primer día en la taquilla del Fnac; con mi número de referencia, mi tarjeta, mi Dni, mi cara, que coincide con el DNi y con una gran sonrisa. Con lo que yo no contaba era con que, desde que compré esa entrada había desimantado unas 14 tarjetas aparte de haber atascado una en un cajero en el metro. Claro, si cambias de tarjeta una media de 27 veces a la semana, en algún momento te cambian el número. Y si el número es diferente, no coincide con el de la tarjeta que realizó la compra. Conclusión, no tenía entrada hasta que no pidiera en el banco un certificado que dijera que en otro momento había tenido el otro número.
Así que fui al banco, donde los empleados me saludaron con abrazos y besos claro, porque hacía por lo menos tres días que no los veía y ya me echaban de menos. Alguno lloró, otros me recibieron con pancartas… “Lo de siempre, ¿no Leyrecita?... ¡Marchando una de duplicado de tarjeta!” no, no… que hoy vengo a por otra cosa: quiero un certificado que diga que fui poseedora de otra tarjeta. Claro, como era la primera persona que pedía esto en la historia de la banca mundial, todos mis amigos de la sucursal se quedaron flipados y tuvimos que llamar a la central, que ya dijo que se inventaría algún papel que darme… por supuesto, otro día; porque eso de hacer los trámites de una vez a mí no me mola nada. ¿Por qué hacer hoy lo que puedes estar haciendo durante 14 días? Así que volví al siguiente día a por mi certificado.
Volví al Fnac, con mi maletín de papeles, que más que una entrada parecía que quería hacerme el visado para vivir tres años en el Palacio de Deportes: mi número de referencia, mi tarjeta, el certificado de la otra tarjeta, mi DNI, mi cara que es como la del DNI, mi certificado de nacimiento para que viera que había nacido y por lo tanto podía ser poseedora de mi tarjeta; las esquelas de los últimos tres años para que viera que no me había muerto y por tanto aún era poseedora de mi tarjeta… vamos, lo típico. Y cuando después de la cola llegué a la taquilla, una mujer que era el opuesto de la amabilidad materializado en cajera; me dijo que ahí sólo daban entradas hasta 72 horas antes del concierto… requisito que por supuesto no cumplía porque faltaban 48 horas para el mismo. Siguiente destino: las taquillas del concierto.
Llegó el día del concierto y me acerqué a las taquillas. Cuando me llegó mi turno, saqué mi maletín con la documentación pero…. Tatatata… mi nombre no estaba en la lista. La chica de la taquilla me miraba apurada mientras yo sólo pensaba en algún veneno eficaz y que no dejara rastro para cargarme de un plumazo a los de la venta de entradas, a Amaral y a las taquilleras del mundo. La de la taquilla llamó a la web que vendía las entradas y resulta que mis entradas estaban recogidas ya. ¡Recogidas! Claro, porque a mí en realidad lo que más me gusta de los conciertos es coger entradas, por eso he venido 14 veces a por esta entrada con tantos papeles que podría comprarme al grupo legalmente… La chica de la taquilla, que para vuestra información se llama Nerea (así es mi vida, si te pasas el 90% del tiempo arreglando embolaos en oficinas, o te haces amigos ahí o estás perdido porque no hay tiempo para ver al resto),me puso al móvil a la de la web, se puso ella de nuevo, hablamos las tres, habló mi madre con ella.. vamos, que 4 horas después, y sin entrada; Nerea se compadeció y me dio una… en preferente.
Y así logré alcanzar mi destino, y Eva pudo tocar.
Fin


sarus dijo
no me lo puedo creer!!!
va en serio ley????
31 Octubre 2008 | 02:54 PM