Generalmente, si al ir por la calle alguien te llama "muñeca" significa que te has trasladado por arte de magia a la película Grease. Sin embargo para Ane yeye no era así porque realmente era una muñeca. una muñeca con la cabeza grande, los ojos saltones y un cuerpecito pequeñín que no podía doblar. En una de sus travesuras, su dueña Amanda le rapó el pelo, y nunca le volvió a salir, así que en conjunto el resultado era bastante esperpéntico.

Aneyeye vivía en el armario de Amanda. No había mucho espacio, pero ella había conseguido convertir aquel cubículo en un auténtico hogar: doblaba las camisas que le servían de cama trece veces al día, limpiaba las paredes, ordenaba los calcetines por antigüedad y colores... y así era feliz; hasta que un día, de repente, una china se metió en su armario. Cómo llegó, nadie lo sabe, pero en un abrir y cerrar de ojos se había adueñado del armario. Ella y su mascota, un gato bobo que parecía que sólo sabía mover el brazo izquierda arriba y abajo. Aneyeye intentó adaptarse a su nueva vecina pero, viendo que ésta no tenía intenciones de moverse decidió que debía ser ella la que emigrase. Así que salió del armario y conoció por primera vez el mundo exterior. Cual fue su sorpresa al ver que, lo que ella había visto siempre como un armario, era en realidad un armario dentro de un barco; porque Amanda resultó ser una percebeira nómada que se recorría las costas del mundo pescando.

Aneyeye se dio así cuenta de que llevaba toda la vida navegando sin enterarse, y decidió que era el momento de hacerlo, pero disfrutando del viaje. Así que preparó una barquita con una cáscara de nuez y emprendió su viaje sin más equipaje que ella misma y un producto especial para limpiar nueces que había encontrado de oferta en el DIA. Al principio todo fue muy bien, hasta que zarpó, que fue cuando se dio cuenta de que ella no sabía nadar. Y la situación empezó a complicarse más ante la primera tormenta que volcó su barquita dejando a Aneyeye hundida. Ella intentaba pedir ayuda gritando "SALVAME POFAVO" pero nadie la oía; o tal vez sí la oían pero seguían su camino pensando que estaban locos porque escuchar hablar a las muñecas no es muy normal que se diga. Ya había perdido toda esperanza de sobrevivir cuando entre las sombras del fondo submarino, entre las botas viejas y el aceite de los barcos, un ejército de hombrespez bailarines apareció, precediendo a una mujer... o un hombre... o algo rubio: "Hola, soy la Bibi. hace años un tentáculo negro hundió mi barco vikingo y los hombrespez bailarines me rescataron convirtiéndome en su reina. Pero estoy sola y necesito compañía... ¿quieres quedarte?". Aneyeye aceptó y desde entonces es la auténtica princesa del mar, apportando su toque yeye a los delfines y a los peces.