El otro día me echaron del gimnasio porque pensaron que estaba loca. No había pasado hasta ahora, lo que demuestra que mis dotes como actriz mejoran o que como lo doy todo en el gimnasio no tengo fuerzas ni para estar loca… casi que me quedo con que mis dotes como actriz mejoran. Pero el otro día se descubrió el pastel: en el círculo de las bicis, mientras todos los ejecutivos sudorosos pedaleaban sin cesar, empezaron a escuchar una risa escandalosa que provenía de la niña con el chándal viejo y la camiseta de Cacique; es decir, yo. Soy un poco simple, lo sé, pero no es que las bicis me hagan gracia. Tampoco los hombres sudorosos… bueno… no los que van en bici… bueno… no los hombres sudorosos que en ese preciso instante iban en bici al lado de mí. Lo que pasa es que me estaba leyendo un libro que el querido Ramón me había dado: SIN NOTICIAS DE GURB; que igual ya os lo habéis leído todos, pero yo no había tenido el placer. Y sin embargo, desde ahora ha pasado a formar parte de mi pequeño archivo mental de escenas, recuerdos, canciones, libros que ya los vea una o 14.000 veces me hacen gracia.

Hay pequeñas cosas que os juro que me hacen reír siempre; es la típica anécdota que recuerdas en absolutamente todas las cenas con tus amigas y que sin embargo te sigue haciendo gracia. Es esa escena de una película que la viste en el cine y cada vez que la visualizas te produce una carcajada, aunque en el momento en que intentas compartirla con alguien se te queda mirando como qué pobre, que bobo debe ser para reírse con esta memez.

Pues una de esas cosas que me hacen troncharme es nada más y nada menos que una escena de Marisol. Más concretamente del inicio de la película de HA LLEGADO UN ÁNGEL que protagonizó este icono del cine español. La escena en sí consiste únicamente en una especie de ataque de locura bailarina que le da de repente a uno de esos amigos a los que Marisol está hundiendo en la depresión más profunda contándoles lo feliz que es a pesar de no comer desde hace un año, haber perdido a sus padres, su hermana, su abuela, la abuela de su vecina, a su vecina y hasta al gato de ésta; y recordándoles que si eres bondadoso el cielo es más azul a pesar de que ella no ha visto el sol desde que tenía 1 año porque lleva 15 años esclavizada en una mina del África Occidental con el negro del Cola Cao (Dios, qué alegres son las películas de esta niña). Y en ese instante Marisol se pone a cantar (que es lo típico que se hace en un tren) con todos los del vagón; y canta con tanta pasión que al tío que está apoyado en el Marco de la puerta le da un telele y se vuelve loco, pero loco loco.

Sé que no os hace gracia. Así que he decidido poner el link de la escena para que quede constancia de este momento que mi hermanita descubrió y que ya tiene un lugar especial en mi archivo de chorradas mentales. Igual no os hace gracia, o igual ya lo habéis visto… pero merece la pena verlo de nuevo.

http://www.youtube.com/watch?v=hZNvIacklXI

* Cuando Marisol se levante, mirad al chico de la puerta.