He decidido que estoy harta de trabajar. Sí, no me miréis así, o más bien no me leáis así: hoy me he levantado dando un salto mortal, y cuando una vez en el aire me he dado cuenta de que no sé dar saltos mortales, he caído al suelo de cabeza, y al chocarme con los 14 bolsos que tenía tirados por el suelo he visto la luz. No la de la ventana, que mi cuarto da a un patio interior, sino la de la lamparita de la mesa de noche, y he comprendido que voy a abandonar el mundo de la publicidad para convertirme en concursante televisivo. No más briefings, no más campañas, sólo yo y Jordi Hurtado o Jesús Vázquez en su defecto y cientos, miles o millones de euros.

Ya decidido mi futuro, sólo tengo que elegir qué programa es el más adecuado para mí. Para hacerlo, he establecido un criterio de elección basado en un complicado cruce de variables: X constituye la variable Dinero frente a Y que representa la frikez mental necesaria para acudir a cada uno de los concursos.

Primera opción: SABER Y GANAR: si consigo responder al menos a dos preguntas, supondría reconocer ante todo el país mi inteligencia sobrehumana y al mismo tiempo ganar… 3€, con posibilidad de perderlos de nuevo si fallo alguna pregunta (cosa bastante probable, porque muy a mi pesar, mi inteligencia de sobrehumana tiene bien poquito). Este concurso no es muy rentable la verdad, y además Jordi Hurtado produce en mí esa clase de vergüenza ajena que te hace tener que cambiar de canal ya que comienzas a sentir hasta escalofríos en la espalda. Lo único bueno es que me vería mi mamá, que ha desarrollado un tipo de bacteria que le hace inmune a Jordi y a su azafata (si no habéis visto nunca a esta pareja, os lo recomiendo fervientemente).

Segunda opción: ¿QUIERES SER MILLONARIO? Este programa es perfecto: dinero, varias opciones para acertar las preguntas porque te dan a elegir entre las respuestas, y el concursante está sentado, con lo que puedo ir en tacones sin miedo a que me duelan los pies después. Este programa sería perfecto si el presentador fuera virtual o una voz en off sin cejas. Carlos Sobera es probablemente la figura más cansina de la televisión actual. Por Dios, que alguien le corrija ese tic que tiene con las cejas, y si no tiene curación, pues que se las arranquen por compasión.

Descartados estos dos, llegamos a la tercera opción: PASAPALABRA. A este programa creo que tendría que ir pedo, que es cuando más rápido hablo. Pero entonces no me enteraría de nada, con lo que tampoco ganaría. Así que he decidido descartarlo también. Además yo soy la típica desgraciada que de famosos en mi equipo me tocarían el risitas y Lucía Lapiedra o algo así, que no estoy muy segura de que sepan escribir.

Así que llegados a este punto me quedan tres posibilidades que, aunque no exigen ningún tipo de desarrollo cerebral, sí podrían aportarme dinero:

  1. GRAN HERMANO: para empezar, creo que correría serios riesgos de acabar ahorcándome en el confesionario con el cable de la cámara y llorando porque un ex cura gay me ha dejado al descubrir que se ha enamorado de un pez travestido que Mercedes nos había dado para cuidar en la prueba semanal. Y además, me den el dinero que me den, creo que me saldría a deber, porque incurriría en demasiados gastos: unos actores para que hicieran de amigos y familia y viniesen al plató a decir que no me conocen como soy y que fuera hacen selección de imágenes y sólo ponen las que quieren porque están intentando echarme. Después, tendría que empadronarme en Canarias para decir que mi pueblo es Pepito X y que así me votara todo el pueblo, porque en Pamplona no se estila lo de dar apoyo a los personajes mediáticos (si no que se lo pregunten al pobre presentador del karaoke de Telecinco que sigue en terapia después de los tomates que le lanzaron, o a Vanesa la de Gran Hermano 1, que ha tenido que emigrar a Soria). Y cuando me dieran coche, al estar empadronada en Canarias, tendría que aparcar en la zona azul de allí, con lo que al final tendría que volver al transporte público. En resumen, aparte del bochorno, me saldría caro, así que descartado.

  1. SUPERVIVIENTES: mira que este concurso tiene puntos a favor: aparte del reto personal que supone, adelgazas y te pones morena en un tiempo record. Pero hay un problema vital que me impide ir allí, y no es Carmele, sino los bichos. Yo si tengo que pescar pesco, pero que no sea con una lombriz, porque los gusanitos me dan asquete. Y si no puedo ni coger una lombriz, menos aún dormir pensando que tengo arañas tropicales de 14 metros raspando en la telita de mierda de mi cabaña made in leyrecita. Bichos asesinos fuera, y frikis insufribles dentro. Vamos, que agarro y me voy nadando hasta el país más cercano, y si me pongo aparezco en la costa gaditana como David Meca, con la marca de las gafas en la cara incluida.

  1. Así pues mi única opción para llegar a ser concursante es TIENES TALENTO. Este es perfecto, sólo tengo que plantarme allí y hacer lo que se me da bien, sea lo que sea. Vamos, que si a mí lo que mejor se me da es pintarme las uñas cada dos días, voy y me tiro allí dos días esperando a ver cómo me pinto las uñas. Que si yo sé imitar a un híbrido de Zoolander y Lina Morgan (a que ahora os he sorprendido, eh?), pues me subo al escenario y lo hago. Y ¡A triunfar! Sólo tengo que encontrar para qué tengo talento. He hecho una lista: beber cerveza, abrir botes, llevar bolsos de 14 kg (este va ganando por ahora, les retaré a poner más peso en mi bolso, y yo lo llevaré colgado y con tacones), hablar por teléfono, ver Desayuno con Diamantes, comer risketos y/o espárragos, dormir poco (este talento lo veo difícil de interpretar porque, qué hago? Me subo al escenario y me quedo despierta? No sé si se entiende), y tengo alguno más, no os creáis, pero no me convencen.

Siendo realista, como no creo que pase ni la primera fase, y he descartado todo el resto de concursos, me parece que mi única opción va a ser joderme y volver a trabajar… o ensayar eso de los saltos mortales por la mañana, que yo creo que tiene más futuro en la tele.