Para empezar este nuevo año he decidido confesaros un secreto que llevo ocultando mucho muchísimo tiempo. Todos creéis que si voy al zapatero todos los días es porque soy un desastre pero no, ¡JA! Estabais equivocados todos…. la realidad es mucho más triste:
Yo vivo un idilio secreto con mi zapatero. No sé su nombre ni su edad, pero no me importa porque cuando el amor surge no hay nada que hacer.
Lo conocí el primer año en que me independicé y le llevé el primer par de botas a poner tapas. No sabía yo entonces a qué me iba a enfrentar. Ante mis ojos, al abrir la puerta de la zapatería, apareció un angel. Un angel mayor pero angel al fin y al cabo. Y eso que dicen que los ángeles no tienen sexo es mentira ya que mi zapangel lo tiene y marcado. Es rudo, como esos hombres de antes, manchado, con el delantal de trabajo sucio y diciendo tacos… tacos que suenan como poesía para mis oídos. No es muy alto, pero no me importa porque siempre me han gustado los chicos bajitos que no necesitan agacharse para recoger las monedas que a mí se me caen al suelo.
Allí me encontré yo, con mis botas asquerosas frente a semejante portento de la naturaleza. Claro, le dejé os zapatos y le expliqué como pude qué necesitaba mientras tartamudeaba como una idiota. Luego no me atrevía a recogerlas, y como sólo de pensarlo ya me ponía nerviosa tardé 3 meses en recogerlas.
Pero después de esa experiencia me surgió el mono de zapatero. Necesitaba llevarle cosas para arreglar. Pero a pesar del alto poder destructor de mis pies, no rompía los zapatos a la suficiente velocidad copmo para satisfacer mi necesidad de zapatero. Así que empecé a comerme las tapas. Cada vez que me ponía unas botas mordía las suelas para romperlas.
Pero en verano voy en chanclas, no tenía nada a lo que poner tapas!!! mi desesperación era tal que empecé a comerme las asas de mis bolsos. Y cuando ya no me quedaban asas comencé a merendar las cremalleras. Eso me abrió un nuevo mundo dentro del panorama de los arreglos porque cremalleras tengo infinitas: pantalones, bolsos, cazadoras…. Qué felicidad.
Llegó un momento en que de verdad creí que le gustaba porque siempre que llegaba al establecimiento él me sonreía y se ponía muy contento. Qué ingenua era…. Un buen día, cuando llevaba mi entrega semanal de botas, al entrar a la tienda no estaba mi zapador como era habitual sino que quien me esperaba era UNA ZAPATERA!!!!!!!!!! ¿Acaso estaría casado? ¿Me habría engañado todo ese tiempo con sus sonrisas y sus preciosas tapas de plástico para no resbalarme? Efectivamente, tras haber coincidido con ella las cuatro visitas posteriores he descubierto que mi zapatero me era infiel. No sólo se encargaba de mis zapatos sino que tenía una mujer con sus propios zapatos en casa! Y aún peor, me he enterado de que hay más mujeres que llevan sus zapatos a arreglar a la Zapatería del amor….
¿Cómo voy a superar esto? ¿Quién me salvará del agujero negro en el que me ando sumida desde que no tengo tapas en los zapatos y me hundo por el suelo?
No lo sé, pero como primer propósito para el 2008 he decidido que nunca más me comeré mis zapatos ni bolsos. No merece la pena. A partir de ahora iré descalza o en chanclas. He dicho.

ZAPATOSSSS NOOOOO!!!!! SANDALIASSSS TAMPOCOOOOO!!!!!!!
ay leyrelu pero q maja q eres.este a sido un cuentito pa antes d irme ala cama,como cdo era chikirrikitin.ma gustao muxo!!jeje.un beso enormous
jajaja!! estoy con pablo
ZNST ZNST!!!!
(ZAPATOS NO!! SANDALIAS TAMPOCO!!)