24 Noviembre 2009
La gente se casa. Sí, quitad esa cara de sorpresa que es verdad. No es lo típico de "una prima de la amiga de una amiga se casó"; sino que es real; tan real como que George Clooney está bueno. Sé que esto no es algo fácil de asumir pero me siento en la obligación moral de decíroslo porque ahora que conozco la realidad no puedo seguir ocultándola. A mí nadie me había advertido de esto antes; era una verdad incómoda que la sociedad se empeñaba en ocultar; de hecho he empezado a sospechar que alguna sociedad pro-bodas había captado mi señal de tv y sólo me llegaban a casa noticias de la crisis para que no viera la realidad; como una cortina de humo que ocultaba el hecho de que sí, las amigas se casan. Pero ya no van a poder callarme más, voy a propagar la noticia por todo el mundo. Soy como el de V de Vendetta; tengo que buscarme un nombre, mmm, B de Bodorrio. Qué glamour. Y ya cuando me ponga la máscara con forma de ramo te mueres.
El caso es que ahora de repente me he comido la pastilla de Matrix y veo la realidad con una claridad aplastante: la gente de la universidad se casa; los excompañeros de colegio se casan y los amigos de la cuadrilla se casan; ¡hasta gente del curso de mi hermana pequeña se casa! Así, sin más, como el que compra el pan, sólo que en vez de en chandal con un vestido de 2.000 € . Y no os creáis que nadie se sonroja lo más mínimo por el asunto, que va, te lo cuentan felices y contentos... ¡por favor! ¡Estáis creciendo y estáis haciendo crecer a los de vuestro entorno, un poco de respeto!
Lo que más me preocupa es que creo que es algo contagioso. Cada vez que le comento a alguien el tema de que tengo dos bodas me dice: "pues prepárate, que una vez que empiezas ya te vienen todas seguidas". Pero, ¿qué es esto? ¿Acaso el matrimonio es una especie de gripe A? Más contagioso que la convivencia en pareja normal aunque a fin de cuentas un poco parecido. Curas no os cojáis vacaciones que en cualquier momento tendréis que asistir alguna boda, todos en alerta. Los vendedores de flores, los caterings, las salas de fiestas; todos viven a la espera del estallido de la epidemia. Creo que en vez de vestido me voy a comprar una escafandra para la boda y así los virus no me atacarán. Aunque tendrán que preparar un menú especial escafandra para que los previsores como yo podamos comer; algo en plan espacial, en botes y prefabricado: cordero en polvo, lo mezclas con agua et voila! ¡Zumo de cordero!
Tengo que admitir que todo esto viene porque el virus ha llegado a mi entorno. Ya ha contagiado a dos amigas. Fue de repente no os creáis, no habíamos advertido ningún síntoma previo. Si por lo menos te salieran granos antes de prometerte podríamos estar prevenidos; en plan, "madre mía, que acné tiene esa chica: eso es una boda de por lo menos 600 invitados"; pero no, no se nota. Y no hay vacuna. He oído que hay un medicamento llamado divorcio, pero eso sólo palia los dolores una vez ya estás afectado, así que no nos vale.
Así que asumidlo, todos estamos expuestos. Para tranquilizaros os diré que a la gente que se casa no se le ve mal; es más, diría que se les ve hasta contentos. No sé si serán delirios de la fiebre, pero están alegres. Así que igual hay no hay que hacer nada y hay que asumir los cambios. O pillarse un pedo en el evento y olvidar que vamos creciendo.
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23 Noviembre 2009
Hay gente que cuando tiene mucho trabajo sólo piensa en descansar. A mí, cuando estoy muy concentrada en algo, mi manera de desconectar es organizar cosas. Sé que esto no es necesariamente malo, pero es que a mi me pasa de manera compulsiva. Creo que es algún tipo de enfermedad: planeatitis u organicitis. O igual son lombrices, porque la verdad es que las organizo como el culo.
Esto me ha pasado desde siempre, lo que pasa es que como antes no tenía qué organizar, me depilaba. Si tenía que estudiar me ponía a depilarme, era automático. Bueno, me depilaba, me maquillaba, me probaba toda mi ropa, a ver como me quedaba con pelos y sin pelos... vamos, porque no dormía y la cara me acababa amarilla que si no os diría que nunca he estado tan estupenda como cuando había exámenes.
Mi problema es que cometí el error de empezar la depilación laser y ahora no tengo actividad de evasión. Bueno, y que empezar a depilarme con pinzas en el curro tampoco es lo más higiénico, aunque no os creáis, que una vez encontramos unas uñas en una mesa. Alguien tuvo una reunión y decidió que lo mejor era cortarse las uñas y nos las dejó de recuerdo... no veas qué alegría cuando las vimos. Porque no me dejaron, que si no me las guardaba en la cartera. Pero la ventaja del de las uñas es que no le vimos hacerlo así que no sabemos quién es el dueño, y eso que pusimos carteles y todo, pero nadie vino a recogerlas... qué despilfarro, y en época de crisis. Yo sin uñas y la gente tirándolas por ahí, como se nota donde hay dinero y cortaúñas. El caso es que mis pelos no valen tanto y me da vergüenza que me vean quitármelos, así que nada.
Y sin uñas, ni ropa que probarme mi mayor ocupación es hacer planes. Planes que no puedo hacer porque estoy en el curro, claro. Así que es igual de estúpido que maquillarme para estudiar en casa. He pensado en empezar a hacer quedadas virtuales, por Facebook por ejemplo: yo te envío una cerveza y tu me invitas a un m&m. Social, barato y no engorda. Es genial.
Así que si alguno más está necesitado de vida social, a buscar mi perfil de Facebook. Es fácil, el que menos fotos tiene pero está lleno de cervezas.
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20 Noviembre 2009
Esta mañana me he levantado y me ha caído en el pie la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. No literalmente la chica, sino el libro, que casi casi pesa lo mismo. Hombre, si nada más levantarme me hubiera caído una chica con una cerilla y un bidón de gasolina pues como deciros... no os lo estaría contando. Pero como lo que me ha caído es un libro de 700 kg pues os lo puedo contar por escrito, pero no puedo ir andando al baño.
¿Por qué ahora para que exista un best seller es necesario que tenga un mínimo de 4.000 páginas y con tapas duras? Os voy a decir por qué: porque los escritores no pasean sus libros durante una hora andando y en metro; si lo hicieran todos escribirían novelas cortitas y con tapas de plástico. O mejor, volverían a publicar cuentos por fascículos en el QUÉ! Aunque entonces todos serían de sucesos: La chica que se equivocó al encenderse un cigarro y quemó un bidón de gasolina
El caso es que nos pasamos la vida emulando a los burros: nacemos ligeritos de ropa y enseguida te envuelven en quince mantas y te tapan con otras veinte más en la silleta para que te vayas haciendo al hecho de llevar peso. Llegas al colegio y toda la sabiduría que te inculcan la llevas arrastras literalmente durante 17 años encima, en forma de mochila o de bolsita, pero estás un cuarto de tu vida paseando libros de 400 páginas más su correspondiente cuaderno de casa al cole y del cole a casa. Ya el tema del estuche es opcional, porque había gente que sólo tenía un Boli, pero yo me surtía de toda la colección de fosforitos, pilots, tippex con o sin tripita, además de la regla, el rotulador gordo que olía bien y el sacapuntas más grande. Ala, 700 kg encima, que si los sumamos a los que ya pesaba una de por sí, el aparato, el abrigo... pues parecía un portador tibetano de estos que acompañan a los escaladores, pero sin hacer paradas para descansar.
Y ahora que ya no hay que traer libros al trabajo, para no perder la costumbre cuento con un bolso que pesa 20 kg a pesar de contener únicamente lo "indispensable" como puede ser dos llaves acompañadas por trescientos llaveros; las gafas de sol enormes, un espejo, las tarjetas del curro, un conjunto de 3.000 flyers acumulados a lo largo de mis 26 años de vida (importantísimo irlos pasando de bolso a bolso cada vez que me cambio); una bolsa con el Tupper y una bolsa para el gimnasio. Y por si fuera poco, las editoriales en vez de sacar versiones de bolsillo para los libros, hacen ediciones de coleccionista con 30 anexos y tapas construidas con auténtica piedra de la que se usó para construir el Muro de Berlín. Es que en esta época si hubiera una guerra, en vez de llevarme el arma me haría con la segunda parte de Los Pilares de La Tierra, que es más letal, os lo puedo asegurar.
Así que hago un llamamiento a escritores y editoriales: no quiero hacer pressing catch con los libros, sólo leerlos. ¡Libros ligeritos ya!
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2 Octubre 2009
¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que tu único pensamiento durante todo el día es la comida?
A mí hacía tiempo que no me pasaba. Exactamente desde que de pequeña leía los libros de Los Cinco; esos niños que entre la merienda y la cena vivían alguna aventura... que no fuera muy larga, no fuera a ser que no llegaran al desayuno. No he visto en mi vida a nadie comer tanto como a esos niños. ¿Pero qué aventuras iban a correr si debían ser una familia de obesos que ni el tío Phil del Príncipe de Bel Air? "... Vamos Anne, escondámonos en esta cueva para que no nos vea el asesino..." "vale, pero esperad un poco fuera a que la haga más acogedora con flores, cortinas, un póster de nuestras caras en formato Andy Warhol y prepararé para la inauguración unas deliciosas tartaletas de jengibre y un chocolate caliente". Claro, para cuando salía a llamarles o les habían matado o estaban esperando con el asesino en la puerta para comer jengibre. Que por otra parte, ¿qué niño de 13 años come jengibre todo el día?
Pues siento que este año he entrado en una dimensión Enid Blyton de la vida. Yo trabajaba en mi despachito, y al cambiarme de mesa pasé a trabajar en la casa de la bruja de Hansel y Gretel: todo lo que veo alrededor es comida. Y no es que me esté volviendo loca, sino que literalmente, alrededor de mí sólo hay comida. Empiezo a sospechar que lo planeó mi jefe para que cuando me vaya a ir de la empresa, me meta en el microondas y mis muslazos queden más jugosos. Bueno, tan jugosos que ni microondas ni ostias: directamente a los hornos industriales de panadería, y aún así tendrían que partirme en pedacitos para entrar.
Estoy rodeada de las típicas personas que cada media hora necesitan un tentempié... que no es malo, si, como ellas, podrías comerte un transatlántico y no engordarían ni un gramo. Es más, ni se hincharían un poquito, cogerían una indigestión y perderían tres kilos más. Así que yo llego a trabajar, me cojo un café y a las 9:30 ya dice una "jo, tengo hambre". Bueno, comer a esa hora está bien, podríamos considerarlo el desayuno, ¿no? 10:00 "¿no tenéis hambre?"... Joe, pues sí, pero me costaría menos olvidarlo si no me lo recuerdas cada tres minutos (esta soy yo pensando mientras ellas pillan la QUÉ! PALMERA). 10:15 "Me apetecen risketos"... puta, saben que esa es mi debilidad, pero Leyrecita, concéntrate. Café con risketos no. 10:30 "¡Ostras! ¡Qué me había traído un sándwich!"... ejem, ¿en serio? ¿Pero es que aún queda comida en el supermercado de tu barrio? 11.00 "¿Bajamos a por un pincho?"... NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Os lo juro que en otra vida debí ser demoníaca, y en vez de reencarnarme en rata he acabado siendo algo peor: una gorda en un círculo de delgadas glotonas... Para evitar esto en mi próxima etapa vital estoy por meterme monje budista, a ver si con suerte acabo siendo hormiga o algo así.
Como por ahora no puedo cambiar lo que el destino ha decidido que sea mi forma terrena, lo que he decidido es traer comidas que no engorden mucho, así cada vez que ellas coman, yo también podré hacerlo. Así que mi mesa está llena de fruta, tés, cafés, tortas de arroz y galletas sinsorgas sin sal sin azúcar y alguna hasta sin galleta; directamente como aire pero poniendo cara de que me gusta. Problema: que para compensar una palmera de chocolate no basta una galleta de aire, sino un paquete entero. Estoy media hora comiendo aire para hacer como que me lleno. ¡Vaya mierda! ¡¡¡Sigo gordita y quiero risketos!!!!¡Quiero risketos sin parar!
Mi conclusión: si quiero comer y no engordar: auto canibalismo. Me como mis dedos por ejemplo: sacio el hambre pero pierdo peso a la vez... Aunque no sé como llevarán mis compis de curro el que me coma de repente una oreja. ¿Me marginarán?
servido por leyrecita
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30 Septiembre 2009
Cuando yo era joven... bueno, vuelvo a empezar: cuando yo era pequeña, que sigo siendo joven; los libros no trataban siempre de vampiros ni las películas de zombies. Os lo juro. Había alguna excepción tipo "El pequeño vampiro", pero ya. Y tampoco es que fuera muy vampiro: era un niño pringado que se echaba un amigo: sin sexo, sin drogas, sin amores tipo Romeo y Julieta; sin vampiros que andan de día y sin ciudades abandonadas por los humanos... vamos, una birria.
Ahora si un escritor o un guionista quieren vender un libro o guión tiene que, obligatoriamente, integrar un vampiro o un zombie entre sus personajes. Sino no hay nada que hacer. Nadie quiere leer amores entre personas normales, atrás quedan Orgullo y Prejuicio o Cumbres Borrascosas; ahora sólo nos emociona si uno de los integrantes de la pareja tiene colmillos o alergia al ajo. ¡Eso sí es romántico! Las personas que cenan con otras no molan, pero si se cenan a otras... madre mía, ¿es que puede haber algo más bonito?
Qué habría ocurrido si los guionistas de Friends hubieran intentado vender ahora el producto: "Esto, pues la serie trata sobre unos amigos treintañeros y su camino hacia la madurez, tratado en tono de humor." Me imagino al productor con cara pasa, y la consiguiente reacción de los guionistas: "¿hemos dicho amigos? No, para nada... los amigos dan puto asco... esta serie trata del paso hacia la madurez de seis vampiros que viven juntos en Nueva York; que quedan todos los días a beber sangre en tazas gigantes; y que asisten asombrados a la conversión en zombie de uno de ellos tras un arañazo de un gato apestoso... todo esto por supuesto, tratado en tono de humor". ¡VENDIDO! O Mujercitas, ya no sería la historia de cuatro hermanas que salen adelante con su madre mientras su padre lucha en la guerra; sino cuatro zombies que se comen a su madre mientras su padre vampiro ha ido a la guerra a recoger reservas de sangre. ¡ÉXITO SEGURO!
Aún así, estas historias no terminarían de funcionar porque no hay amor. Es imprescindible que alguno de los personajes se enamore de un vampiro. Porque es maravilloso lo de enamorarse de un vampiro, vamos... lo mejor de lo mejor. Para empezar son siempre ricos, claro, yo no ahorro, pero si viviera 150 años supongo que algo ahorraría; eso, o de tanto gastar tendría un vestidor que ni Mariah Carey: ¿que hoy tengo una boda? Pues me pongo el vestido que usé para la fiesta que dio la duquesa de alba en 1895; ¿que voy al gimnasio? Cojo el chandal que me compre en pleno furor Eva Nasarre. Otro beneficio de salir con un vampiro: nunca les sale la barriga cervecera que tienden a desarrollar los hombres cuando cumplen unos añitos, como sólo beben sangre, pues no engordan. Vale, tú envejeces y ellos no, pero vamos a ver, ¿eso es realmente importante? Pensad en Demi Moore... ¿la veis mal?¿la notáis triste? O Marujita... pues seríamos igual, sólo que, espero, un poco más guapas.
Así que nada: mi consejo de hoy. Necesitamos un vampiro / zombie en nuestra vida. Todo son ventajas: fama, felicidad... bueno, con el zombie igual un poco menos porque como se le cruce el cable te come; pero hijos, la fama cuesta, qué queréis que os diga: una noche de amor, un brazo menos y libros y libros contando tu historia de amor. ¿A qué os he convencido?
servido por leyrecita
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29 Septiembre 2009
Quiero que me toque el euromillón. Lo quiero con tantas ganas que cada vez que voy a comprarlo, de los nervios me hago pis. Os lo juro, sólo de pensar que si ese estanquero elige los números adecuados me pueden tocar semejante cantidad de millones, se me olvida retener la orina. Así que, como no espero que me toque de momento, he decidido hacer caso a Concha Velasco y comprarme tena lady. De esta manera, aunque siga igual de pobre, no estaré meada, lo que ya es un avance.
Sin embargo, ¿cómo resistirse? Porque la gran realidad de esto es que, ser pobre es una mierda, pero ser pobre mientras los de al lado se enriquecen es insufrible. Y claro, viene tu compañera de trabajo y dice: "¿por qué no compramos el euromillón?" y a ti, consciente de que no te va a tocar y de que no tienes dinero, te gustaría decir que no, pero no puedes porque sólo pensar en que mañana ella puede ser rica mientras tú sigues en esta mierda cubriendo sus horas os juro que me provoca pérdidas de orina tales que en vez de pañal tendría que ponerme un edredón en el culo. Sería pobre, pringada y encima parecería un luchador de sumo. Así que compras euromillón con las del curro. Pero es que resulta que tus compañeras de piso también quieren comprar la lotería. Y claro, tú ya has comprado una participación pero, cómo vas a dejar que dejen ellas el alquiler para irse a una mansión al estilo Cristiano Ronaldo mientras tú te ves obligada a pillar uno de estos chollos "made in Madrid": 2 cm² sin ventanas, con tres años de aval y con los muebles acumulados por la familia desde que el primer antepasado llegó a España, allá por la conquista árabe. Así que acabas comprando lotería. Luego llegan los amigos y también compran; y por supuesto hay que comprar. Tus compañeros de "cocina creativa" han comprado uno, así que compras también. Y así hasta que tienes prácticamente un ejemplar de todos los números de la lotería; excepto el que sale ganador, por supuesto.
¿Qué haría si me tocara el euromillón? Mmm... ¿qué no haría? Pues me compraría un coche... ¡qué digo un coche¡ uno de cada modelo, y seguiría la filosofía de las bragas: se puede usar una dos días seguidos, pero es asquerosete; bueno, que con mis millones ni lavaría las bragas, tendría tantas que me pondría una en cada pierna: ¡nalgas independientes! Y me compraría una casa, o dos, una para cada nalga... igual no es muy útil, pero el ser rico viene acompañado de excentricidades: en vez de papel higiénico me lavaría el culo con carteras de Vuitton; y en vez de cocina me pondría un McDonalds en casa.
Y sin embargo, sigo aquí con la misma mierda; mierda que se limpia con papel higiénico DIA antes de ir a currar en metro. Mañana compraré de nuevo el euromillón. ¿Quiere participar alguno?
servido por leyrecita
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16 Abril 2009
Ya ha llegado la primavera al Corte Inglés. Lo sé porque he estado hoy en uno y he visto los carteles. Sin embargo, y aunque la moda de primavera pueda ser un tema apasionante, no es esto por lo que escribo el post. Hoy al mediodía me he acercado a un Corte Inglés, y mientras buscaba una de las treinta mil secciones intentando llegar a imagen y sonido he aparecido, y no es broma, en un ¡¡¡consultorio esotérico!!! Como lo leéis. El Corte Inglés tiene un consultorio esotérico en la sección de sonido. Que por otra parte, en que otro lugar podía estar, ya que si los espíritus tienen que comunicarse tendrán que recurrir sí o sí a la sección de sonido. ¿Para qué usar bolas de cristal si ahora existen los iphones? ¿Qué quieres contactar con algún espíritu? puedes usar la güija interactiva y mover la moneda a través de la pantalla táctil.
Estoy esperando ya los anuncios de esta nueva colección del Corte Inglés: "Ya han llegado los astros al Corte Inglés" y aparece Aramís Fuster con una música cursi, subiendo escaleras automáticas mientras brotan flores a cada paso. Y luego por supuesto, en cada centro se colocará una lona enorme con su cara.
Para los interesados, no he llegado a preguntar el precio de la sesión; aunque conociendo la marca será caro y además la responsable de leerte el futuro será una mujerica amargada que hizo un curso de cómo atender al cliente, aunque se la pinfla y directamente le atiende mal. Así que seguro que tras pagar cien mil euros sólo te dirá que te vas a morir, y que para evitarlo hagas deporte aprovechando las promociones de bicis estáticas que hay en la sección de deporte; 5ª planta, justo al lado del supermercado (nunca he terminado de entender en qué piensan al diseñar el interior del Corte Inglés).
Alucinada aún por mi descubrimiento e intentando descubrir qué tipo de estrategia extraña se han marcado este año los directivos del Corte Inglés para introducirse en el mercado esotérico; me he acercado a mi centro de depilación. Y ahí me ha ocurrido el segundo evento sobrenatural del día.
Se dice que todas las personas tenemos una doble en alguna parte del mundo. Bueno, la mía no está en alguna parte del mundo sino que vive Madrid y se depila en el mismo centro que yo. No sólo en el mismo centro, sino que las mismas partes del cuerpo, el mismo día y a la misma hora. Una mini yo!!! Bueno, digo mini por decir, que igual mide 4 metros y pesa 100kg, no la he visto; pero me he enterado que había otra Leyre García de Pamplona que tenía cita hoy a la misma hora. Las dos somos iguales, sólo que ella ha recibido una tratamiento corporal más que yo. Y no me he enterado porque haya ido cabina a cabina preguntando a las mujeres con tangas de papel e ingles depiladas cómo se llamaban; sino porque he tenido que convencer a 4 médicos de que yo no me estaba haciendo un tratamiento además de la depilación. Vamos, que me han insistido tanto que me he llegado a creer que igual sí me lo estaba haciendo y se me había olvidado; o que lo había perdido (que son dos cosas muy habituales en mí); pero tras revisar la agenda siete veces han descubierto que no era mi expediente. ¡¡¡Era el de mi doble!!! Así que si veis a otra yo por la calle, para distinguirla de mí, tendréis que tocarle la piel para ver si está suave; lo digo por si a alguno se le ocurre reconocerla mirando si tiene pelos en la axila; porque no funcionará ya que en eso somos iguales... (la respuesta es no, obviamente).
Y si aún así no termináis de decidir si estáis viéndome a mí o a la otra; acudid al Corte Inglés, tercera planta, segundo pasillo a la derecha; sección de detectores de la verdad... ¡Ah! ¿qué aún no está? Dadles tiempo...
servido por leyrecita
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27 Marzo 2009
¿Cómo llamaríais al cacharro con el que empujamos un carrito de la compra? ¿Tirador del carrito? Porque no es un manillar, aunque tiene la misma función... curioso, ¿eh? (como ahora lo sepáis todos os odiaré).
Pues esta cuestión fundamental lleva atormentándome todo el día. Ya veis, he perdido 24 horas de mi vida pensando cómo llamar a una barra de metal que, para que nos vamos a engañar, ni siquiera agarro mucho. Tal vez si fuera más al supermercado, o estuviera más atenta al ir, descubriría que todo el mundo conoce su nombre. Seguro que durante estos veinticinco años he estado rodeada de gente que hablaba sin para de barras de carritos llamándolas por su nombre, y como yo iba pensando en mis cosas, no me enteraba. De hecho, seguro que hay alguna canción famosa que menciona la barra del carrito, y como yo desconocía la palabra, pensaba que el estribillo estaba en inglés; tipo el aserejé de las Ketchup... oye, que igual el nombre es "el aserejé del carrito" y yo pensando que era una chorrada sin significado. El próximo fin de semana que haga la compra probaré; le diré a la de la caja: perdona, es que intento sacar el carrito agarrándolo por el aserejé y no puedo. A ver qué cara pone, si es de susto será que no he acertado; o que soy la primera persona que acierta y por eso se queda en shock.
Qué mal ha hecho la palabra "cacharro" al lexico castellano. Yo soy capaz de tener una conversación entera utilizando únicamente las palabras cacharro, cosa y eso. En caso de que la conversación fuera por Messenger, utilizaría sólo kchrro, csa y eso; aunque ahora tendré que incluir aserejé entre mi vocabulario selecto... ¿cómo se acortará en la ortografía sms? ¿Asreg? Bueno, lo pensaré.
Lo más triste es que la cosa del carrito no es la única palabra que se me escapa. Otra que me parece muy complicada es celo. A ver, no soy corta, pero es que durante mi proceso de aprendizaje creo que ha habido un complot para que nunca supiera cómo es exactamente esta palabra. ¿Cello? ¿celo? Mis profesoras se divertían llamándola cada vez de una forma y ha llegado el momento en que, aunque esté pensando tres horas antes de hablar para decirla correctamente, siempre, y cunado digo siempre es siempre, me equivoco. Ya lo tengo asumido: nunca sabré silbar, y tendré que acabar siendo una pedante que diga "cinta adhesiva" para no quedar de boba por la vida. Menos mal que aunque sea pronuncio bien croqueta; otra gran enemiga de la humanidad. Si encima dijera cocreta... imaginaros que mal: "Pepe, vete a buscar las cocretas mientras sujeto el carrito por el aserejé". "Ja, dejé" "¿Qué dejé? Pues de jamón"... (sin comentarios, está siendo una semana muy larga).
Cuando nació mi primo, mi tía no quería llamarle Gabriel para que la gente no le acabara llamando Grabiel. Da igual, le llaman Grabiel, y yo llevaré la silleta empujando el aserejé... qué le vamos a hacer. Asumámoslo, todos somos un poco paletos algunas veces, pero tampoco podemos hacer nada para ocultarlo. ¿Qué voy a hacer? ¿Pegar todo con pegamento para no equivocarme? Ya me veo el día en que mi hijo tenga que comprar cello para el cole, intentar conseguir decírselo bien para que no quede de paleto por la vida va a ser más duro que contarle el cuento de las abejitas y las flores... "Mamá mamá, la profe ha dicho que vayamos a la papelería a comprar..." "Calla hijo, que tú has nacido porque los hombres y las mujeres follan... ¿alguna otra pregunta?" Seguro que le dejo tan alucinado que ya nunca vuelve a sacarme el tema de los artículos de papelería. Lo que no sé qué haré es cuando tengamos que coger el carrito de la compra... espero que no quiera acompañarme muy pronto, porque le casco que los reyes son los padres...
servido por leyrecita
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