La "Seattle Parade" iba a comenzar en unos minutos y el grupo de Mikel aún no tenía tema para la carroza.
-¡Podemos representar a la comunidad de telecos que forman palabras en la playa!- dijo Coro.
- Vaya chorradas dices, ¿no sabes que este año ya hay un grupo así? Creo que el capitán es el otro
- ¡Jo, el otro siempre se queda con lo más guay!
- No Cori, porque hay una cosa guay que sólo tenemos nosotros: ¡los huevos de canguro!
- ¡Tienes razón! Podemos ir de la comunidad del huevo de canguro. Sólo hay unos huevos para unirnos a todos, así que creo que deberías llevarlos tú, ya que has sido el portador desde Australia.
- ¿Estás segura? Victoria los miraba con ojos golosos, igual le hace ilusión a ella...
- No Mikel, tú eres el portador de los huevos. Sólo tú puedes llevarlos sin sucumbir a su extraña belleza.
Y así el grupo se unió para desfilar detrás de la comunidad andorrana de Seattle, y justo antes del grupo de las señoras que se ponen bolsas de plástico cuando llueve. A la cabeza, iba Mikel, el orgulloso portador de los huevos; seguido por Cori, Jesús, Patitas, Torres, Leire, los gemelos, Ana, Maialen, Aritz y Victoria, que como ya le había intentado quitar los huevos tres veces a Mikel, la llevaba Mikel Ariz atada en la mochila.
De pronto, Mikel escuchó una voz. Miró hacia los lados, pero no vio nada extraño. Nadie le miraba, así que continuó tranquilo. Pero la voz se escuchó de nuevo, y esta vez Mikel percibió lo que le decía: "Mikel... pruébate los huevos". ¿Qué se probara los huevos? Pero, ¿qué era eso? ¿Una broma? "Mikel, sé que quieres, pruébate los huevos... será sólo una vez". Mikel no entendía nada, ¿quién le estaba pidiendo eso? De pronto, vio que los huevos que llevaba en la mano le sonreían... ¿sus propios huevos de canguro le estaban pidiendo que se los probara? "Mikel, si te van a quedar genial. No seas tonto e inténtalo". "¡Cállate! Eres un objeto inanimado. No me estás hablando. Esto son imaginaciones mías" - le dijo Mikel a los huevos de canguro.
Para estas alturas, patitas y Jesús ya se habían dado cuenta de que Mikel estaba hablando solo y se acercaron a ver si se encontraba bien, más que nada por poder estar por un rato en primera fila y recibir aplausos, porque en realidad el que Mikel hablara a la nada tampoco les sorprendía mucho. "Mikel, how are you?"- le preguntó Patitas, en inglés claro, porque era australiana. Pero Mikel no podía responderle porque los huevos de canguro le estaban diciendo que pasara de la araña, porque lo único que quería era ponerse ella los huevos de canguro. "Tiene razón- pensó Mikel- Patitas nunca me había hablado y ¿de repente se preocupa por mi? Esta viene por el interés porque quiere ponerse mis huevos" Así que movido por una furia interna que nunca antes había conocido, pisó a patitas. "Nooooooo, Patitas, no mueras!!!!!!"- gritó jesús llorando desconsolada, mientras el único andorrano del grupo de delante llamaba a los de la carroza de arañas tailandesas con ambulancias pa por si acaso, que estaban cuatro puestos por delante.
Mikel, asustado por lo que había hecho, comenzó a correr. Pero los huevos no paraban de hablarle, hasta que el pobre estuvo tan nervioso que no supo decirle que no a sus huevos y se los puso dentro del pantalón. Cual fue su sorpresa cuando los huevos de canguro se fundieron con sus propios huevos. ¡Ahora en su paquete tenía unos huevos de canguro! Avergonzado, siguió corriendo para escapar y que nadie se diera cuenta de lo que le había ocurrido. Corrió tanto tiempo, que apareció de nuevo en Australia, y como estaba tan cansado ya no supo volver. Pasaron los años, y nadie volvió a ver a Mikel; aunque cuenta la leyenda que si paseáis por la playa en Australia aún podéis encontraros a Mikel saliendo de golpe de la arena desnudo señalando a sus huevos de canguro, aunque como no he ido no os puedo decir si es verdad.
